Episodio 29 del podcast Cuentos para Tejer Sueños

En el episodio 29 de Cuentos para Tejer Sueños
compartimos un cuento con trabalenguas incluido intitulado
‘La tortilla’.

¿Habéis oído hablar de Juanito el Metepatas? Parece que es el niño mas despistado que se conozca, pero nos enseña un simple trabalenguas para entrenar nuestra memoria. ¡Apréndelo también tu!

En el episodio 29 de Cuentos para Tejer Sueños compartimos un cuento con trabalenguas incluido intitulado
'La tortilla'.

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Episodio 29 de Cuentos para Tejer Sueños: ‘La tortilla’

¿Vosotros habéis oído hablar de Juanito el Metepatas? Bueno pues yo os voy a contar una cosita suya, pero no le digáis que os lo he contado, que se enfada y se pone a llorar como un niño chico.

Resulta que este niño se parece mucho a un tío muy despistado que hay en mi pueblo. Con deciros que si hace tres días que cayó el último chaparrón y solo queda un charco en todo el colegio allí se le va a caer el bocadillo cuando salga al recreo… Y encima, cuando vuelva a pasar por el mismo sitio, esta vez mete el pie hasta el tobillo.

Antes de continuar, os voy a pedir un favor, si os cruzáis con él no se os ocurra reíros cuando os acordéis de lo que os he dicho, que el pobre, por muy despistado que sea, también es muy buena persona. Además, que todos tenemos nuestros defectillos. ¿Os imagináis un colegio en el que todos los niños fueran perfectos, listos, trabajadores, responsables, muy buenos y obedientes? ¿A que sería el colegio más aburrido del mundo?

Pues ya está, por muy metepatas que sea nuestro amigo Juanito, no debemos reírnos de él. Bueno, ni de él ni de las faltillas de ningún niño. Estoy seguro de que cualquiera de vosotros se mira a un espejo y se encuentra algún defectillo, ¿a que sí?

Además, que Juanito también tiene sus cosas buenas como ya os he dicho, ¿sabéis quien es el mejor portero de su clase? Sí señor, lo habéis acertado. El delantero que le marca un gol a Juanito está presumiendo de goleador durante toda la semana. Y si os digo que cada vez que abre su cartucho de chucherías hay chucherías para todos sus amigos ya tenéis una idea de por qué ningún compañero se ríe de él. Eso sí, lo pasan de bien con sus despistes…

¿sabéis por qué le dicen el Metepatas? Esta primavera pasada, una mañana que iba de excursión con los niños de su clase, amaneció el día más hermoso que podáis imaginar. El sol brillaba en lo alto del cielo iluminando un campo plagado de flores. Los pajarillos, contagiados de tanta luz, volaban alegrando el pueblo con sus trinos. Parecía como si don Francisco, el maestro, hubiese adivinado el día que iba a hacer. El día anterior, les había dicho que iban a ir de excursión. 

–Pero ya está bien de tener a vuestras madres toda la tarde preparando bocadillos y refrescos. La comida la haremos nosotros en el campo. Así que traeremos huevos, patatas… –y les enumeró todo lo que necesitarían para preparar una comida campestre.

¿Os imagináis la ilusión que tenían todos los niños? Ya se sentían capaces de valerse por sí mismos y cocinarse la mejor tortilla que habían probado en su vida. Y como a tener hambre no había quien les ganase, allá que se presentaron en el colegio con tanta comida que, como dijo don Francisco, había para darle de comer a un regimiento.

Las canciones atronaban el cielo extendiéndose por todo el valle. Sobre todo, ésta que, según decía Juanito, era su preferida:

Estaba la rana sentada 

cantando debajo del agua.

Cuando la rana se puso a cantar

vino la mosca y la hizo callar.

La mosca a la rana que estaba

cantando debajo del agua.

Cuando la mosca se puso a cantar

vino la araña y la hizo callar.

La araña a la mosca, la mosca a la rana

que estaba sentada 

cantando debajo del agua.

Cuando la araña se puso a cantar

vino el ratón y la hizo callar.

El ratón a la araña, 

la araña a la mosca, la mosca a la rana 

que estaba sentada 

cantando debajo del agua.

Cuando el ratón se puso a cantar

vino el gato y lo hizo callar.

El gato al ratón, el ratón a la araña,

la araña a la mosca,

la mosca a la rana 

que estaba sentada

cantando debajo del agua.

Cuando el gato se puso a cantar

vino el perro y lo hizo callar.

El perro al gato, el gato al ratón,

el ratón a la araña, la araña a la mosca, 

la mosca a la rana

que estaba sentada

Cantando debajo del agua.

Cuando el perro se puso a cantar

vino el hombre y lo hizo callar.

Así, cantando y cantando, llegaron a la fuente del Genazar. Allí tendrían agua suficiente para acallar la sed de toda la chiquillería del pueblo. Además, disponían de un merendero con sus bancos, mesas y, lo que es más importante, un lugar para encender el fuego sin peligro de que éste se extendiese por el monte. 

Toda la mañana transcurrió entre juegos, carreras y, como no, subidas a los eucaliptos que rodean el manantial. Por fin, llegó la hora de preparar la comida.

–Hay que elegir a los cocineros–dijo el maestro–. Y los demás, alejaditos del fuego, que luego habrá que limpiar todo para dejarlo como lo encontramos. Así que, antes o después, habrá tarea para todos. 

Y así lo hicieron. Como la mayoría de los compañeros no se fiaban de los despistes de Juanito, a éste lo designaron “árbitro mayor” de quienes quedaron relegados a las posteriores tareas de limpieza.

–Más vale que estropees un escobón y no la tortilla –dijo, entre las risas de sus compañeros uno de los cocineros.

Pero… como siempre hay un diablo que todo lo descompone, quiso la mala suerte que un balón fuese a parar entre los cacharros de cocina.

–Que venga uno sólo por él –ordenó el maestro.

Y como el que estaba más cerca era Juanito, allá que éste comenzó una alocada carrera en busca del travieso balón…

Menos mal que en el pueblo dicen que a buen hambre no hay pan duro. O sea que, cuando hay hambre, cualquier cosa se come a gusto, hasta una tortilla en la que, además de patatas y huevos, hay… los cascarones de éstos.

Cualquiera se ponía a separar una cosa de la otra después de lo bien batidos que había quedado gracias a los pisotones que Juanito, el Metepatas, repartió en la cesta en que los huevos esperaban a ser preparados…

Manuel Cubero Urbano